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OPINIÓN

Y las guerras televisivas hicieron evolucionar a nuestra ficción

Imagen de 'Allí abajo' (Antena 3)
Juan M. Fdez
@juanmafdez
02.04.2016 | 05:00

Cuando todos pensábamos que Telecinco lanzaría La que se avecina el próximo lunes contra el estreno de Top Dance, la cadena de Mediaset sorprendía anunciando la llegada de su comedia estrella para la noche de los martes contra Allí abajo. De esta forma hasta tres ficciones se verán las caras ya que TVE también emite El Caso.

Una cruenta guerra de la que todos terminarán saliendo perjudicados en mayor o menor medida, aunque todo hace indicar que será la serie de la pública la que peor salga parada. ¿Por qué las cadenas siguen empeñadas en emplear sus series como armas? ¿En qué medida afecta esto a nuestra ficción?

Es cierto que tres ficciones raramente consiguen convivir en una misma noche. La audiencia de Isabel se resintió con la llegada de El tiempo entre costuras y La que se avecina a la noche de los lunes. Y Los misterios de Laura y Bienvenidos al Lolita nada tuvieron que hacer contra El Príncipe.

Gracias una guerra, una serie tan mediocre como Bienvenidos al Lolita fue expulsada de nuestra televisión

Sin embargo, justamente esta última guerra nos demostró que las guerras entre ficciones son vitales. Gracias a ello una serie tan mediocre como Bienvenidos al Lolita fue expulsada de nuestra televisión. Y parece que tras el éxito de Vis a vis, no parece que Globomedia se atreva a volver a alumbrar aquel tipo de serie.

Aunque en ocasiones estas guerras sean injustas; en otras, es la única manera posible para que nuestra ficción evolucione. Es la manera natural, con datos de audiencia en la mano, de desterrar series con fórmulas rancias que se convierten en un verdadero obstáculo para nuevos creadores. Así ha ocurrido en el cine y así debe ocurrir en nuestra televisión.

La madurez de una industria

Hace unos años, con motivo de la cancelación de Bienvenidos al Lolita, escribía en ¡Malditos Spoilers! Que “debido a la mala situación de la industria, muchas veces la justificación para desear el triunfo de una ficción es el miedo a que se pierdan 70 u 80 empleos. No importa la calidad, la excelencia. Eso, paradójicamente, es secundario. ¿Es así como queremos que nuestra industria consiga el respeto dentro y fuera de nuestras fronteras? ¿Deben marcharse nuestros profesionales? Me niego”.

Hoy, gracias en gran medida a estas guerras, nuestra ficción goza de una salud impresionante. De hecho esta semana recibíamos la noticia de que Bambú sería la encargada de dar luz a la primera serie de Netflix en España. Una oportunidad dorada para demostrarle al mundo el potencial de nuestra televisión.

La guerra del martes es injusta, desde luego. Pero no podemos olvidar que las cadenas no son ONGs. Son empresas. Y como empresas llevan a cabo estrategias para ganar a su rival. Tras el movimiento de Telecinco, un nuevo puzzle se adivina en la parrilla. Ahora, cada cadena deberá ajustar sus fichas para no salir perjudicada. Son las consecuencias que debemos pagar debido a la madurez de nuestra industria.