Cabeceras especiales

Cabecera

OPINIÓN

Cómo Canal+ rompió con la clandestinidad del consumo de cine porno

Hasta 31.000 españoles vieron la primera película porno codificada de la cadena

Antonio Banderas y Victoria Abril en 'Átame'
Antonio Banderas y Victoria Abril en 'Átame'
Mike Medianoche
@mikemedianoche
06.09.2020 | 08:04

En el reciente Festival de Málaga, la película ganadora de la sección oficial es Las niñas, dirigida por Pilar Palomero y protagonizada por Natalia de Molina, Andrea Fandos y Francesca Piñón. Un largometraje que narra ese paso de niña a mujer de la protagonista. Una adolescente que busca verdades a su alrededor sobre su familia, su sexualidad, sobre sí misma, en definitiva.

Ambientada en los años 90 en Zaragoza, la cinta tiene diversos momentos nostálgicos vinculados a la televisión. Los personajes ven series como Los Fruitis y programas como Hola, Raffaella. Y en un momento dado, auspiciado por su curiosidad, Andrea Fandos, la niña protagonista, se pone Canal+ codificado, para ver, aunque sea entre líneas y sonidos agudos, algo de cine porno.

Esto me hizo reflexionar, de manera automática, sobre cómo la televisión de pago se ha instalado en nuestras vidas, cómo tenemos un gran catálogo de cine y series al alcance de nuestra mano a través de plataformas como Netflix, HBO, Movistar+ y tantas otras, y cómo a veces perdemos más el tiempo seleccionando qué ver que disfrutando propiamente de una obra audiovisual. Sin embargo, en los noventa, la tele de pago constaba de solo un canal, lo que en el fondo facilitaba (¿o limitaba?) esa elección.

El prestigio de tener Canal+

En mi casa nunca tuvimos Canal+, ni ninguna otra televisión de pago. Por ello, no había muchos canales sintonizados, y normalmente este canal caía en el número 6 del mando (pues entonces no existía laSexta, que se atribuyó tal posición unos años después).

Para un amante de la televisión y del cine como yo, Canal+ era algo fascinante. Una cadena que casi no tenía publicidad, en la que se emitían películas del tirón, sin cortes. Tener el plus era casi un distintivo social, dado su precio. Si en la actualidad hay quien se queja por pagar 5 o 7 euros por una plataforma, hay que recordar que, cuando salió, la mensualidad de esta cadena era de 3.000 pesetas, 18 euros al cambio, y que además, había que pagar una fianza por el descodificador de 15.000, 90 euros actuales, que tenía una llave que te permitía ver ese contenido premium.

En el Plus echaban espacios en abierto, como Padres forzosos, el programa de Los 40 principales o el magacín Lo +Plus, aquel en el que Rocío Jurado dijo eso de “yo soy pro gay”. Pero cuando uno de estos acababa, y tras el consiguiente bloque de anuncios, todo se volvía de tonos grises, rayado, inaudible. Codificado.

¿Cómo ver Canal + sin decodificador?

Existían muchas leyendas urbanas de cómo uno podía ver Canal + sin pagar la cuota. Desde poner papel cebolla delante de la pantalla a usar una radiografía o una diapositiva, como si aquello fuese un eclipse. Incluso hay mucha gente que se ponía a mirar fijamente la imagen, hasta percibir algo nítido. Según El Confidencial, hasta 31.000 personas vieron la primera película porno de Canal + sin tener decodificador, imaginando lo que había detrás de aquella sucesión de líneas.

Ya no había que buscar el porno por debajo del mostrador, cada semana la cadena ofrecía una película (o dos)

En ese sentido, y relacionado con la escena de la película Las Niñas, hay que señalar que Canal + dio una vuelta a la forma de consumir pornografía. Ya no había que buscar cintas por debajo del mostrador del videoclub, ni se consideraba algo de pervertidos; es más, se volvía algo selecto, sinónimo de opulencia, de estatus. Veías porno porque podías pagar la cuota mensual. Una película nueva cada semana, dos en alguna época.

Como tantos telespectadores, el que aquí escribe intentó ver alguna película codificada, dejándome la vista. Pensaba, quizá, que en algún momento la imagen tomaría forma, como ocurría en aquellos libros con imágenes 3D que estaban tan de moda en los 90. Pero no servía de nada. Al final, me convertía en el clásico pesado que iba a casa de la vecina a pedirle que si me podía grabar tal o cual película, para engrosar mi videoteca particular.

Recuerdo, por ejemplo, tener grabadas películas como Esfera o el Frankenstein de Kenneth Branagh. E incluso, alguna emisión que ya forma parte de la historia de la televisión de este país, como la vez que me grabaron Tesis, con un lazo azul en la esquina, aquel fin de semana que ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco y todas las televisiones, nacionales y locales, pusieron aquel membrete en una de sus esquinas pidiendo, sin éxito, su libertad.