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OPINIÓN

El Festival de Eurovisión no puede despellejarse desde un sofá

Daniel Jabonero
@DanielGJabonero
21.05.2015 | 05:00

Eurovisión fue, el pasado año, el programa de televisión más comentado en las redes sociales. Cada año, el representante español se convierte en el foco de las críticas, positivas y negativas. Sin embargo, la crítica ha comenzado a alcanzar en estos últimos años unos niveles que ya han cobrado nombre propio: el eurodrama. Todo el mundo cree tener el conocimiento suficiente como para catalogar y señalar cada paso que da el representante español.

Edurne fue elegida el pasado mes de enero como la representante de España en Eurovisión. Desde ese momento, la cantante se puso en el punto de mira de miles de seguidores del festival que comentan cada una de sus reacciones, movimientos y decisiones en torno a la candidatura. La promoción, la portada del single, el videoclip, la primera actuación, el vestido... Todo es motivo de discusión.

El eurofan toma una posición de protector del Festival e intenta, con sus bendiciones, encaminar al representante español. Sin embargo, cada uno debe saber cuál es su posición. Son los que más saben de la historia del Festival, pero los encargados de realizar la puesta en escena de una candidatura son los que saben hacer. El eurofan, de igual forma, debe ser respetado como seguidor, ya que gracias a esta masa el festival tiene mucha fuerza en España y no existe el miedo a que desaparezca. 

Durante estos días, los primeros ensayos de Edurne han provocado miles de comentarios en redes sociales y numerosos artículos en los medios de comunicación. Los primeros comentan cómodamente como meros espectadores de un espectáculo. Los segundos, tienen que ser más cautos a la hora de medir sus palabras. 

El pasado domingo se filtró un vídeo en internet que mostraba la realización que tendría la actuación de Edurne. Como todos los desplazados hasta Viena conocen, grabar las pantallas está prohibido hasta que los ensayos sean abiertos para el público. Sin embargo, este vídeo corrió como la pólvora por internet y muchos se atrevieron a hacer sus primeras críticas (a ciegas) tras estas imágenes.

Pero la cautela uno la conoce cuando se desplaza hasta la sede de Eurovisión, cuando uno comprende que darle publicidad a esa publicación estropea el trabajo del día a día de TVE, que mete en serios problemas a la delegación española y que complica el trabajo de la propia candidatura. Cuando uno se desplaza hasta la sede de Eurovisión comprende el gran trabajo que hay detrás de cada presentación, de cada decisión y de cada cambio. El trabajo no se hace delante de un ordenador. ¿O se escriben críticas de cine antes de ver las películas? ¿Se comentan las series de televisión antes de que la cadena de el visto bueno a la versión final?

Las críticas deben ser escuchadas y valoradas. Son las que le mantienen a uno con los pies en la tierra. Al fin y al cabo, muchas de ellas llegan de personas que llevan acudiendo al Festival desde hace años y saben lo que gusta y lo que no encaja. Pero los consejos desde el sofá carecen de sentido, con el mando a distancia en una mano y con una Coca Cola en la otra. El trabajo, y el periodismo, está en la calle.