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OPINIÓN

No nos tomen por tontos: hacer una TV al borde de la ley tiene sus peligros

Juan M. Fdez
@juanmafdez
18.01.2015 | 05:00

“No se hace un programa para que te denuncien, ni se deja de hacerlo porque te pueden denunciar. Si vas al límite de velocidad, te mandan la multa y la pagas”. No son palabras mías ni de cualquier directivo anónimo de la televisión. Pertenecen al consejero delegado de Mediaset España, Paolo Vasile.

Las recuerdo como si fuera ayer. Días antes, un accionista minoritario del Banco Santander sugirió a Emilio Botín durante la Junta General del banco que si no sería mejor para el banco ganar menos dinero y tener una mejor imagen.

No estamos aquí para que se hable bien de nosotros. Perseguimos el éxito, el éxito de nuestros accionistas

Utópico, sí. Pero aquella sugerencia quedó clavada en mi cabeza. Por eso, cuando días después Mediaset España nos invitaba a una rueda de prensa para presentar el balance editorial del grupo tras nueve meses de la fusión con Cuatro, la pregunta estaba clara. “¿No sería mejor tener una mejor imagen?”

“Nosotros trabajamos por el éxito y no por la gloria. No estamos aquí para que se hable bien de nosotros. Perseguimos el éxito, el éxito de nuestros accionistas”, me contestó. Otras de las frases que han pasado a la historia en el mundo de la televisión.

Esta semana, Telecinco se ha enfrentado a dos cuestiones que manchan su imagen, lo quieran o no admitir: la tardanza a la hora de expulsar a Los Chunguitos de Gran Hermano VIP y el fichaje de la imputada Sonia Castedo como tertuliana de Un tiempo nuevo.

El momento más adecuado

En lo que respecta al primer caso, no he dejado de escuchar justificaciones a tal tardanza. “Es mejor hacerlo en prime time para que lo vea la gente”, “la televisión se hace para que lo vea cuanta más gente mejor”, “mejor que queden retratados como lo que son” o “echarlos en directo es una forma de mostrar su rechazo a eso”.

Me van a perdonar ustedes, pero siento no creerme esas buenas intenciones. Más que nada porque luego había otros comentarios del tipo “habiendo una gala de cuatro horas al día siguiente, pues mejor allí”, “las situaciones hay que aprovecharlas”, o “se esperó al momento más adecuado”.

¿No hubiera sido mejor cortar el problema de raíz expulsándoles ipso facto?

Exacto, al más adecuado para hacer un gran dato de audiencia, como así fue. No nos tomen por tontos, por favor. Ser implacable es mostrar tolerancia cero ante el racismo y la homofobia. ¿No hubiera sido mejor cortar el problema de raíz expulsándoles ipso facto y después mostrar esas imágenes y la reprimenda en la gala? Todos contentos.

Lo dije ya el lunes: “La culpa de posibles polémicas no son de los que denuncian estas actitudes sino de los que las toleran durante una hora, dos, o catorce”. De no ser así, todo parecerá una campaña de expectación para ganar unas décimas de audiencia.

Entiendo que a algunos les moleste tanta claridad. Pero Bluper no nació para ser un escaparate de las cadenas de televisión, ni para replicar explicaciones interesadas de una productora. 

Un insulto a los alicantinos

Y llegamos a Sonia Castedo. La cinco veces imputada exalcaldesa de Alicante acudía hace una semana a Un tiempo nuevo para ser entrevistada por Sandra Barneda. Lo primero, lógicamente, negar que hubiera cobrado por aquello.

“Estoy en este programa, y no en no otros, porque aquí se me ha respetado profesionalmente y personalmente”, dijo la amante de Facebook sin despeinarse. Lástima que la escaleta del programa llevara curiosamente su mediática entrevista al filo de la medianoche en vez de al prime time. Esa franja estaba reservada al ministro del Interior. Qué cosas.

Castedo demostró su potencial televisivo Olvido Hormigos style

De hecho tanto es el respeto profesional que, ¡oh, ¡sorpresa!, este mismo viernes nos enterábamos de que Castedo había fichado para ser tertuliana -ocasional, ¿eh?- del programa producido por Mandarina. ¡Bingo!

Pero por aquello de creer en las buenas intenciones, supongo que este fichaje se ha producido única y exclusivamente porque en la entrevista vieron su potencial televisivo Olvido Hormigos style. No vayamos a pensar que la entrevista y la colaboración iban en un mismo pack. Y gratis, por supuesto.

Castedo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero para muchos alicantinos, este fichaje es un insulto, una falta de respeto. Un motivo para dar la espalda a Un tiempo nuevo. Y un nueve, por mucho que en los colegios sea un sobresaliente, en una cadena como Telecinco es cuanto menos para sentir vergüenza.

Te mandan la multa y la pagas

¿Y por qué todo esto? Básicamente porque las continuas quejas de Mediaset España sobre las últimas multas de la CNMC hartan un poco. Todos estamos de acuerdo en que hace falta un organismo regulador independiente como existe en otros países, y que es inadmisible la diferencia de criterio entre el ICAA y la CNMC. Roza el ridículo, sí.

Incluso podemos decir que tendría más sentido usar un sistema de codificación o etiquetado digital, que permita el control parental y poder filtrar programas, antes que el horario de protección reforzada.

Mediaset España hace una televisión que pisa en ocasiones la línea discontinua

También podemos estar de acuerdo en que quizá este Gobierno ha sido muy poco inteligente a la hora de multar a las cadenas justo cuando las críticas son más feroces. Hecho ante el que me asalta una duda; ¿por qué no están multando a laSexta, la cadena más crítica con el Gobierno? ¿cuántos programas políticos hay en Mediaset España?

Pero no somos tontos, señores. Muchos llevamos pronosticando desde hace años que esto pasaría. Los distintos gobiernos han hecho la vista gorda para no tener más problemas ni para que se les acusase de querer coartar la libertad de expresión. Pero todos sabemos que Mediaset España hace una televisión que pisa en ocasiones la línea discontinua. No lo digo yo, lo dicen ellos.

Y yo no sé ustedes, pero si me salto un semáforo, me toca pagar multa. Podemos estar más de acuerdo o no con las leyes. Pero, “si vas al límite de velocidad, te mandan la multa y la pagas”. Repito, no son palabras mías. Pertenecen a Paolo Vasile.