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CRÍTICA

El anti reality de Ana Obrégón

Daniel Jabonero
@DanielGJabonero
08.09.2016 | 21:51

Lo de Algo pasa con Ana debe ser un chiste. Porque pasar, lo que se dice pasar, no pasa nada. El reality de la presentadora es lo más anti televisivo que se ha visto en mucho tiempo. Mostrado en el FesTVal de Vitoria, el primero de estos ocho soporíferos programas no hay por dónde agarrarlo. Pero hay que explicar las cosas por orden.

Lo que hace de este programa un sufrimiento continuo para el espectador es la poca naturalidad de Ana. Demostrando sus dotes como actriz, se trata de una continua actuación delante de las cámaras sin parangón. Ana no se muestra a sí misma en ningún momento y parece guionizada (por sí misma) antes de encender el piloto rojo de la cámara.

Su vida tampoco ayuda. Los temas elegidos para abrir este reality carecen de interés. Sin un hilo conductor que ayude a la historia, se desconecta en cuestión de segundos. El primer programa gira en torno a la nueva fundación que quiere abrir su hijo, lo que se transforma sin comerlo ni beberlo en un espectáculo publicitario que pretenden vendernos con algo de gracia.

Pero es quizá la escena en la que Ana Obregón queda para ver el partido de fútbol entre España e Italia de la Eurocopa pasada, el peor momento de este primer programa. Con Aless Gibaja como estrella invitada, Ana Obregón saca de dentro todo su potencial de exageraciones ante las cámaras para intentar ser la más graciosa del barrio.

Y tal vez lo peor de todo esto es eso, que no hace gracia. Obregón podría ser una chica de bien cuyas excentricidades y poses nos hacen reír. Y, sin embargo, no provoca ni una sola carcajada. Todo lo acontecido carece de interés.

Por si el contenido no era suficinte bueno, su calidad acompaña a la perfección. La fotografía parece más digna de un Ana y los 7 de principios del milenio que de un programa que se esté rodando en 2016. Continuos planos quemados y poco cuidados que hacen de Algo pasa con Ana uno de los programas más desperdiciados de los últimos años. Y no hablemos de sus surrealistas faldones. 

Da lástima que un personaje como Obregón, con tanto jugo que sacar, se haya quedado en esto. No tiene ni chicha ni limoná. Y como de lo malo me gusta quedarme con lo bueno, tal vez sus dotes para mezclar el español con el inglés dan para algún Vine gracioso para redes sociales. Oportunidad perdida para DKISS, que había conseguido llamar la atención de muchos y todo se quedará en un Tamara Falcó (segunda parte).