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OPINIÓN

El diccionario de los realities: ¿Qué es un underdog?

Luis Pérez Valiente
@luispindle
18.07.2015 | 06:00

Si hace 20 años escuchábamos a alguien hablar de un confesionario asumíamos que había ido a la iglesia, no había otra explicación plausible, pero ahora sí. Cualquier reality show cuenta con sus confesionarios, que son esos momentos en los que los protagonistas hablan directamente con el espectador. Gran Hermano creó una habitación con este nombre, y el resto de programas adaptaron la idea, aunque en Pekín Express o Supervivientes no sea más que una entrevista personal en un rincón apartado del grupo.

¿Por qué escribo esto? Simplemente quiero demostrar que la telerrealidad ya cuenta con su propio vocabulario, palabras que toman un significado propio que sólo entenderás si eres seguidor de estos programas (como nominaciones, repesca o el mencionado confesionario) y que empiezan a extenderse de forma incontrolable por todos los rincones del mundo. 

A ese respecto, en España no utilizamos un término que sí está arraigado en los países de habla inglesa, pero que esta temporada nos habría sido muy útil para entender qué ha ocurrido en nuestros programas: el undergod.

Underdog es un término que se utiliza desde la segunda mitad del siglo XVIII, por lo que los reality show no han inventado nada, pero su uso se ha disparado en los últimos años. No hay traducción literal a nuestro idioma, pero vendría a significar algo así como el concursante que va de tapadillo. Esos participantes por los que nadie da un duro, pero llegan extremadamente lejos en la competición por méritos propios.

María del Amor y Yareli se han convertido en las finalistas de Pekín Express, pero prácticamente nadie confiaba en sus posibilidades al comenzar la carrera. Ellas eran claras candidatas a una temprana expulsión, pero finalmente rozaron la victoria y todos tuvimos que reconocer que no se les había regalado nada. Las canarias se hicieron con la plata por méritos propios, luchando como jabatas cada una de las pruebas, es decir: fueron el underdog de la competición.

Pero ellas no han sido el único ejemplo que hemos podido ver este año. Andrea, la modelo cuqui de Masterchef 3 parecía destinada a colgar su delantal a la primera de cambio, se fue salvando por los pelos al principio del concurso, pero cuando nos quisimos dar cuenta llegó a la final haciendo platos que estaban a la altura de los retos que se planteaban y llegó a poner en aprietos a Carlos (ganador del juego) en la última prueba eliminatoria. 

Los dos ejemplos que he puesto surgen de programas en los que el público no tiene ni voz ni voto, por lo que es más fácil salvarse de la expulsión por méritos propios. En los concursos donde la audiencia decide es complicado encontrar ejemplos, lo normal es que el espectador elija a sus favoritos transcurridas un par de semanas y finalmente se jueguen la victoria entre ellos.

Sin embargo, la dinámica de expulsiones que se ha vivido en Supervivientes 2015 ha obrado el milagro. Los grandes favoritos se enfrentaban entre ellos, lo que dejó fuera a Carmen Lomana, Suhaila, Lucía, Fortu e Isa Pantoja, siempre nominados unos contra otros (junto a Nacho Vidal, el último de este grupo). Mientras la isla se vaciaba nuevos participantes lograban una cuota de protagonismo de la que antes no habían disfrutado, así se conoció a Christopher, quien había permanecido en un segundo plano (o quinto, porque realmente no hacía nada). A la gente le gustó lo que veía y le acabó proclamando ganador, aunque tres meses antes nadie había reparado en el niño del chaleco.    

Igual que en España preguntamos al comenzar un concurso cómo será el proceso de nominaciones, en Estados Unidos buscan a los posibles underdogs cada vez que se anuncia un casting. Es un término que se ha convertido en algo habitual en los corrillos que comentan los programas, derivando en expresiones como Underdog competition, que básicamente significa que todos los favoritos se han quedado fuera.

Poco a poco estas palabras se van haciendo un hueco propio, al igual que estos concursantes de los que hemos hablado se hicieron su hueco en la competición, ganándose por méritos propios un buen puesto en el concurso.