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CRÍTICA

‘Las chicas del cable’, un cóctel de los grandes éxitos españoles

En BLUPER ya hemos visto los primeros episodios de la serie y analizamos la primera ficción de Netflix en España.

Daniel Jabonero
@DanielGJabonero
21.04.2017 | 09:00

Las chicas del cable tiene un objetivo sencillo y también complicado: gustar. Pero gustar mucho a nivel internacional. Netflix no ha sido tonta a la hora de aliarse con Bambú Producciones para crear su primera producción española. Y es que es la creadora de las series más vendidas a nivel internacional hasta la fecha: Gran Hotel y Velvet.

Por eso Las chicas del cable es una clara fusión entre estos dos títulos de la factoría que pretende, además de llamar a un nuevo público en nuestro país, ser uno de los principales títulos a nivel europeo. Como ya hemos dicho, no son tontos.

Tal vez podamos decir eso de ‘esto ya lo he visto’ al ver Las chicas del cable. Eso no quiere decir que lo uno esté viendo no sea bueno. Está claro que al espectador español, mucho más conectado con el género Bambú, habrá historias y tramas que le resulten repetitivas a los anteriores títulos. Pero no olvidemos que esta historia pretende ser vista en 190 países y Netflix quería un título con lo rasgos más éxitosos de la productora.

La imporancia de una buena actuación

Los más sencillo sería empezar por las chicas del cable. Ellas son el eje central de la serie y, por lo tanto, si alguna de ellas desentonaba todo se caería por su propio peso. Cuatro roles muy bien definidos con caracteres muy distintos para que haya donde elegir personaje favorito. ¿Que si recuerdan a las chicas Velvet? Por supuesto.

Destacable es la actuación de Ana Fernández sobre todas las demás con una mención especial para Maggie Civantos. Este último es el más atractivo para una actriz. Y aunque no pertenece a club de chicas, Ana Polvorosa consigue romper por completo con sus papeles anteriores para lograr uno de los personajes más potentes de la serie.

¿Y no hay chicos? ¡Claro que los hay! Muchos suspirarán cuando vean a Blanca Suárez reencontrarse con Yon González y Martiño Rivas. Demasiados recuerdos en una misma escena. Los que fuesen niños en El internado han madurado y ahora ofrecen personajes bastante más complejos.

La trama, un grandes éxitos de Bambú

Todo el drama gira en torno a una historia de amor del pasado que se reaviva en el presente entre dos personas de distinta clase social. ¿Les suena? Las chicas del cable podría haber caído en el error de querer parecerse demasiado a Ana Rivera y a Alberto Márquez. Y se parece. Sin embargo, el camino de Lidia (Blanca Suárez) será mucho más oscuro, dejando a un lado la extrema bondad que vimos en el personaje de Paula Echevarría.

De Gran Hotel tiene el misterio. Tal vez sea lo que menos interesa de la serie. En el fondo Las chicas del cable es una serie de personajes, no de trama. Aquí lo que importan son las relaciones personales, el cruce de caminos, los secretos y las envidias. De hecho, esta serie ha evitado mantener al espectador a un lado sin conocer el pasado de Lidia y le ha hecho cómplice desde el principio para que pueda acompañar al personaje en su camino hacia la madurez. De ahí que la serie sea de personajes.

Los accesorios

Si algo bueno tiene Netflix es que apuesta mucho por los exteriores. Grabar en la calle es caro, por lo que el empujón económico que ofrece una plataforma de pago es importante para tomar esta decisión. Las chicas del cable juega en otra liga y, por lo tanto, hay que compararla con su competencia directa. La serie debería haber aprovechado mucho más las calles de Madrid y no encerrarse tanto en la simulación de una calle tal y como ya hicieron en Velvet. A pesar de salir mucho más en esta ocasión, los paisajes naturales de la capital quedan de maravilla en pantalla y se extrañan de vez en cuando.

Uno de los puntos más valientes de la serie ha sido la música. Las chicas del cable se ha tomado algunas licencias artísticas en banda sonora y vestuario. Se alejan de la música de los años 20 para introducir canciones modernas que aporten color a los tonos marrones de la época. El corte de los vestidos es mucho más agradecido con la silueta de las jóvenes que el que se usaba en los años 20. Licencias que son recibidas con agrado para ofrecer una imagen completa más cautivadora.

En su conjunto, Las chicas del cable no inventa nada nuevo. Es un producto muy potente que gustará al público que seguía las producciones anteriores que unieron a Bambú con Atresmedia. La serie recoge los frutos más sanos que la productora ha sido sembrando en estos años, desde que se interesase por las series de época y viese que su técnica funcionaba.