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OPINIÓN

Lo desagradable de ver a la gente comiendo por televisión

‘Sálvame’ se esfuerza por sacar en la pantalla lo que otros evitan

Mike Medianoche
@mikemedianoche
25.11.2017 | 14:00

Hace ya una década comencé a trabajar en una pequeña televisión local en la que tuve que hacer de todo: redactor, presentador, producción, realización, montaje y también cámara ocasional. En una de mis primeras salidas, no recuerdo si a una feria o a una comida popular en un pueblo cercano, la jefa me dio unas indicaciones claras: no podía sacar a la gente comiendo: “saca la comida, pero no a la gente metiéndose el tenedor en la boca. Eso queda fatal en televisión”.

Desde entonces siempre me llamó la atención cómo se mostraba el acto de comer en la televisión nacional en informativos, magazines o concursos, y cierto es que siempre se solía hacer de manera sutil. Hasta que llegó Sálvame y puso a sus colaboradores a merendar en pleno directo, rodeados de tuppers y envases de embutidos. Allí abogan porque los espectadores vean a sus colaboradores con los carrillos llenos, masticando, metiéndose lonchas de jamón cocido con los dedos en la boca, masticando, invitándoles a hablar cuando tienen los carrillos llenos con tal de lograr un aire de astracanada catódica. De hecho, una de las señas del programa en sus orígenes fue ver a Karmele y sus yogures día sí, día también, 

Un filón que luego Mediaset siguió exportando, por ejemplo, en Las Campos, reality que próximamente volverá a Telecinco, donde las redes se fijaban principalmente en qué y cómo comían sus protagonistas. Y es que realmente no estamos acostumbrados a ver a la gente alimentándose por televisión, y por eso Terelu se convirtió en carne de memes por la forma en la que degustaba unas porras por la calle como todo hijo de vecino.

Ven a cenar conmigo

Actualmente en Cuatro Mediaset emite un concurso donde la comida tiene un peso esencial, Ven a cenar conmigo. Sin embargo, pese al aire tróspido y humorístico del programa, allí no vemos a la gente comer del mismo modo que lo vemos en Sálvame, por ejemplo. Sí que los vemos cuchara en mano, pero lo que importa es si ponen cara de satisfacción o de asco al tragar, si el anfitrión prepara bien sus platos o no.

Masterchef

Igual ocurre, por ejemplo, en Masterchef. Cuando vemos comer a la gente es para indicarnos si las pruebas están bien o mal ejecutadas, si en el plato queda comida o no. De hecho, hay veces que los jueces hasta se niegan a probar casi los platos; solo cuando Pepe Rodríguez se pone a comer en plan gumías se enfatiza este hecho, y es para indicar que el aspirante ha sabido sacar provecho a su paso por los fogones. 

Esta temporada, eso sí, hemos tenido a Bibiana Fernádez como excepción. La actriz comía a todas horas los platos que se cocinaban, lo que siempre daba risa al espectador; de hecho, en la final, emitida esta semana, no se cortó un pelo en bajar al almacén por unos frutos secos para ver cómo Silvia Abril y Saúl Craviotto se batían en el último duelo.

Supervivientes

Supervivientes es de los realities más extremos de la televisión nacional, aunque haya algunos más duros. Allí sí que vemos a los concursantes comer, pero si se nos muestra es para contarnos cómo lo están pasando de mal. Cómo el hambre les puede, cómo se tienen que comer hasta cualquier bicho que se encuentren en un árbol, o cómo el ansia les puede cuando ganan un plato de comida caliente en una de las pruebas de recompensa. La comida es una de las protagonistas del programa, y tiene casi tanta importancia como los propios concursantes en sí. Y por eso a veces los supervivientes lloran casi más al ver unos espaguetis con tomate que cuando reciben la llamada de uno de sus familiares a los que hace semana que no ven.

Comiendo bichos

Esta mañana Antena 3 emitía uno de sus clásicos refritos de programas antiguos, y apareció una prueba de El Gran Juego de la Oca, en la que Miguel de la Quadra-Salcedo tenía que comerse unos gusanos vivos, algo que el presentador Emilio Aragón acabó haciendo a su pesar, y sin poder evitar su cara de asco. Y esto me hizo ratificarme que, efectivamente, solo vemos a la gente comer si queremos ver algo cómico o morboso, porque al fin y al cabo siempre hay algo de grotesco cuando vemos al personal zampando por la pequeña pantalla. Y en esos casos, lo mejor es tomárselo a risa.