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MODA EN LA TV

La mente escondida tras el armario de 'Velvet'

Ana y De la Riva en 'Velvet'
Rocío Ponce
@rponcedominguez
26.01.2015 | 05:00

Helena Sanchis lleva tres décadas vistiendo personajes. Hija del dramaturgo Jose Sanchis y la actriz Magüi Mira, Helena comenzó de ayudante de vestuario teatral junto a Andrea D’Odorico y Pedro Moreno para después centrarse en el cine –ha trabajado en más de 20 largometrajes y ha sido nominada a un Goya-, hasta que en 2007 se cruzó con Ramón Campos y Teresa Fernández-Valdés de Bambú Producciones para vestir la serie Desaparecida. Desde entonces la televisión ha sido el escaparate de su trabajo: Hispania, Imperium, Gran Reserva, Gran Hotel y Velvet.

Con el regreso de Velvet esta noche con un especial tras el parón navideño, Bluper ha hablado con la encargada del vestuario de las galerías más seguidas de la pequeña pantalla.

Tras dos temporadas (y más de 20 episodios), ¿cuántas prendas tiene ya el armario de Velvet?

No me he parado ni a contarlo, pero son muchos, muchos vestidos. No ha crecido todo lo que me gustaría, porque me pasaría el día haciendo más y más. Podríamos estar casi llegando a los 1.000. Para la figuración casi todo es alquiler, un porcentaje pequeño que confeccionamos en el taller propio y un poco de compra, a veces transformada y otras no cuando encontramos original.

El armario de 'Velvet' podría estar casi llegando a las 1.000 prendas

En actores es al revés. Para las actrices, la mayoría es confección, algo mínimo de alquiler (de Londres y Cornejo) y una pequeña parte de compra de piezas que encontramos por aquí y por allí.

¿Cómo se plantea la confección?

Procuro que sean tejidos que existían en la época, intento ser lo más fiel posible dentro de que no es una serie de realismo histórico, es una España inventada. Hay patrones que los despiezamos de originales porque estaban deteriorados y hemos hecho reproducciones y otros que son diseños míos inspirados en la época.

¿Cuál es el personaje con más cambios de vestuario?

Cristina (Manuela Velasco) quizá, le pisan los talones Patricia (Miriam Giovanelli) y Bárbara (Amaia Salamanca).

¿Cuántos conformáis el equipo de vestuario de Velvet?

Fijos en vestuario son 7 personas. A veces hay un equipo puntual tanto de confección como de set. Todo el vestuario hay que mantenerlo, no solo por continuidad de raccord, también una cuestión de mantenimiento. Cada vez que tenemos que montar un capítulo hay que coordinar colores por escena sabiendo quién interactúa con quien y preparamos desde la ropa interior hasta los pendientes, el bolso…

Lo de la ropa interior es importantísimo siempre que se hace época. Concha Velasco decía que el corsé le daba mucho de su personaje en Gran Hotel y ella pedía, en plan Escarlata O’Hara, que se lo apretásemos mucho.
 

¿Es también tu misión diseñar la esperada colección de De la Riva o los uniformes de las azafatas de Ana?

Sí, hice yo los diseños y buscamos los tejidos. Para los uniformes queríamos que fuera de la época, que dentro de ser convencional y clásica también tuviera un toque de color y lo ha confeccionado nuestra sastrería. La colección de De la Riva es más una mezcla de cosas que encontramos y transformamos. Alguna pieza relevante se confecciona, pero no podemos hacer todo el desfile.

En la segunda temporada vemos cambios y novedades en el vestuario. Una de las más evidentes es la evolución de Ana: cambia de look y pasa de la bata de costurera a vestir como una joven diseñadora.

El personaje de Ana, siendo muy estiloso -porque es fácil teniendo a Paula Echevarría-, no es sofisticado como el de Cristina. Queremos marcar la diferencia entre ellas. Por ejemplo, Ana no lleva joyas. Lo intentamos con los vestidos, de tejidos menos ostentosos, con líneas más sencillas...

Siempre dentro de la elegancia, que Ana sea más sencilla, también es por su carácter. Desde vestuario queremos que se vea la evolución del personaje, pero contenida, no se ha lanzado del todo. Falta mucho por ver de Ana y quedan muchas sorpresas en Velvet.

Nada que ver con la explosión que ha provocado Sara, el nuevo personaje interpretado por Juana Acosta

Para nosotros ha sido, sobre todo por entrar después, un soplo, un trabajo diferente. Con ella hemos metido los pantalones, que aún no los habíamos querido tocar por la estética de la serie. Dentro de ser de los 50 tenemos un filtro, porque había muchas modas, y hemos seleccionado algunas para crear un Velvet de cuento, con colores empolvados…

Este estilo más agresivo y masculino de Sara no lo habíamos tenido hasta ahora y ha sido muy divertido. Además, Juana lo defiende muy bien, el personaje pide ese vestuario por su personalidad. Aunque a Sara le gusta la moda y tiene estilo, es más una mujer de negocios que una fashion victim.

¿Prefieres vestir producciones de época o de actualidad?

Me gusta mucho la actualidad porque tiene un componente más psicológico, pero es más complicado plantear una estética sin que se note, para que no quede teatral, y tienes que sujetarlo porque no vale todo. En el vestuario actual hay menos presupuesto, se le da menos importancia, con los actores es más complicado… La época es muchísimo más agradecida, si lo haces mínimamente bien y tienes una fotografía que te acompañe, la gente lo valora más.

Habiendo trabajado en los tres medios, ¿cuáles son sus diferencias con el vestuario?

El teatro es mucho más artesanal y hay otros tempos que te permiten darle más vueltas a las cosas, cuentas con menos elementos, solo un escenario. Aunque parezca más sencillo, por menos volumen, te la juegas a una sola carta. El teatro es muy bonito por la magia de los estrenos y es muy especial.

El cine sería el intermedio entre teatro y televisión, por tiempo y componentes. Es más rico, quizá, porque el abanico de elementos a conjugar se amplía.

Con la tele tenía mis prejuicios y ahora que la he descubierto es un medio apasionante, es el torbellino, la adrenalina pura que te enseña a resolver, a priorizar, a organizar… La falta de tiempo es lo peor, y lo bueno es que puedes recorrer la vida de un personaje a lo largo de las temporadas y sentirlo como de tu familia. 

¿Cómo creáis en Bambú Producciones la estética de las series?

Ramón Campos tiene muy claro el tipo de estética que quiere, yo le hago propuesta de vestuario y de gama de colores. Hay muchísimo trabajo previo a lanzarnos a confeccionar, muchas reuniones y muchas discusiones, también con el director Carlos Sedes y con el director de fotografía.

Imáginabamos al personaje de Adriana Ozores en 'Gran Hotel' más dura de colores y tuvimos que suavizarla

¿Puede la elección del casting cambiar el vestuario pensado previamente para un personaje?

Sí. Los colores no funcionan igual en unas pieles que en otras. Por ejemplo, con el personaje de Adriana Ozores en Gran Hotel nos pasó que la imaginamos más dura de colores y tuvimos que suavizarla. Depende de las edades, las alturas… Todo influye en lo que llevan al final. En el caso de Juana Acosta en Velvet hemos tenido que tener cuidado con los tacones porque es muy alta y no se puede descompensar el plano… Hay que jugar con todo, que es lo bonito de este trabajo, está vivo. Tienes unas ideas, pero luego hay que adaptarlas para conseguir el personaje con ese actor.

Repasemos tus series con tu mejor recuerdo del trabajo en ellas

Desaparecida: Fue un trabajo hiperrealista, lejos de la moda y casi cinematográfico.

Hispania: Va a ser un topicazo, pero es Viriato. Era el punto de partida de todo lo demás en mi trabajo, su vestuario fue el primero.

Imperium: Galba. A nivel de vestuario era el menos agradecido, las mujeres eran más lucidas. Pero trabajar con Lluís Homar… Tiene una presencia que es un regalo, le puedes poner una servilleta, que se convierte en emperador romano.

Gran Reserva: Quizá el personaje que más me gustaba a nivel de vestuario era Emma, el papel de Ana Risueño. Gran Reserva, aunque era actual, intentábamos darle un aire un poquito pasado de tuerca, con un falso realismo en el que las mujeres llevan tacones en las viñas, cargábamos un poco el color...

Gran Hotel: Velvet me encanta, pero sabemos que cuando se acaban las cosas se valora más. A Gran Hotel la disfruté mucho, principios del siglo XX fue una época preciosa de hacer. El personaje de Concha Velasco, doña Ángela, tenía un vestuario único y, en general, la gama de colores trabajada con Sorolla como referencia. Los tejidos livianos y el personaje de Amaia Salamanca y su vestuario también.

Pepa y Pepe (1995): No era una serie al uso de los noventa porque el director era Manuel Iborra y trabajábamos como si fuera cine. Él le daba mucha importancia al vestuario y no sirve como ejemplo. Luego hice la película Todos los hombres sois iguales y la serie a finales de los noventa y ahí sí que se notaba, funcionaba otra estética. Normalmente cuando haces vestuario actual el presupuesto baja y se trabaja con cesiones que es más peligroso porque te puedes repetir con otras series si te descuidas.

De tu labor en el cine, ¿qué películas recuerdas con mayor cariño?

Días contados (1994) por la nominación al Goya y porque conocí a Uribe (el director) y nos hicimos amigos. Fue una manera de hacer cine que me gustó muchísimo y estoy muy orgullosa de esa película. También de Orquesta Club Virginia (1992) con Iborra, un director con el que siempre que hemos podido hemos hecho cosas juntos, es una peli de los 60 con un rodaje muy complicado, pero disfrutón.

¿Cuáles son los problemas de la profesión de diseñador de vestuario?

Actualmente es la falta de producción, como en todas por la crisis económica. Hay menos dinero, lo que se traduce en menos tiempo, que es lo que peor llevo yo. Prefiero dos trajes maravillosos que cinco mediocres.

¿Crees que es un trabajo valorado?

Creo que ahora, desde que se hace más tele de época y calidad, se valora más. Pero nadie sabe el trabajo que hay detrás, ni los compañeros muchas veces. En el vestuario actual ya en absoluto y es importantísimo porque el vestuario y la estética nos dan el personaje.