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LA FIRMA

Soy Mercedes Dantés y he venido para vengarme

Manuel Ríos San Martín
@Fantasma
08.07.2015 | 06:00

Cuando me llamaron hace más de un año para que me hiciera cargo de la serie Sin identidad no sabía lo que me esperaba. Me lo pensé dos veces antes de aceptar, pero me enviaron el piloto del capítulo 1 y me pareció que podía ser una ficción diferente. Reuní a un equipo de guionistas entre los que estaban Mónica Martín-Grande, Ramón Tarrés y Victoria Dal Vera (después se sumó Tatiana Rodriguez).

Al principio fue una locura retomar una serie de la que ya habían escritos y casi producidos 5 capítulos. Terminamos la primera temporada en un tiempo record a base de adrenalina. Cuando la cadena nos dijo que renovábamos una segunda temporada ya sí que pudimos planteárnosla con un poco más de tiempo. Vimos que teníamos entre manos unos buenos personajes y bastante libertad para desarrollarlos 12 años después de que terminarse la primera. Eso nos permitió cambiar muchas cosas. Yo soy de los que cree que en 12 años una persona puede hacer prácticamente cualquier cosa. Este planteamiento temporal ya ha sido una innovación bastante arriesgada de la serie, así como la mezcla de tiempos de la temporada inicial.

Ahora, ante la emisión del último episodio, es el momento de hacer balance de lo que ha podido contribuir la serie a la ficción española en un momento en el que están pasando muchas cosas, están cambiando algunos planteamientos de las cadenas y nos encontramos con propuestas muy interesantes.

Una aportación a la ficción muy significativa es que no hayamos tenido plató

Una aportación que es muy evidente, pero no por ello menos significativa, es el que no hayamos tenido plató. Todo ha sido rodado en interiores y exteriores naturales. Ya se había hecho antes en algunas miniseries, como Rescatando a Sara, Los Nuestros, Historias RobadasNiños robados, Alacrana, 23F, etc. Al ser de tan solo 2 o 3 episodios no resultaba tan complicado. Marcaron un camino que Sin identidad se ha atrevido recoger.

Y fue Diagonal la que asumió el reto. Hasta este momento tenía la imagen de una productora “de plató”, de series históricas como Isabel o Amar en tiempos revueltos. Con esta se arriesgaron y el resultado es visualmente magnífico. Al principio costó un poco definir el formato pero enseguida le cogimos el pulso. Y en la segunda temporada la coordinación entre producción y guión ha sido muy eficaz. Hablábamos de los episodios, les adelantábamos lo que necesitábamos y ellos a su vez nos hacían peticiones necesarias para cambiar secuencias de sitio o modificar la presencia de algún personaje, entendiendo siempre las necesidades de la historia y aportando soluciones.

Cuando íbamos a una localización complicada, que requería mucho montaje o desplazamiento, la aprovechábamos al máximo, en ocasiones usándola para dos episodios diferentes. Sabíamos que había que escribir un número determinado de páginas para cada localización. No era conveniente pasarnos pero tampoco quedarnos cortos ya que no se aprovecharía todo la jornada de rodaje. Esto nos ha permitido que los espacios hayan sido muy variados y que estén muy bien adaptados a la historia. Se muestra Madrid como no se había hecho nunca, la Gran Vía, la Plaza de España, la Plaza Mayor, la Puerta de Alcalá, lugares emblemáticos. En la serie se fotografía un Madrid de lujo, pero de lujo de verdad, grandes casas, restaurantes, ropa, coches.

Algo menos evidente pero, para mí, tan importante es la profundidad de los personajes. Buscar la verdad, algo muy difícil de conseguir en la ficción. En el equipo además de escritores con mucha experiencia como los que he citado antes contábamos con una actriz (también guionista, Victoria Dal Vera) que nos analizaba los guiones y nos ayudaba a estructurar las tramas. Nosotros, de broma, la llamábamos “la defensora del actor”. Pero la realidad es que velaba constantemente para que los personajes tuvieran coherencia, incluso los secundarios.

Esos toques de atención nos han servido para no escribir de manera obvia sino buscar una segunda intención a los personajes, unas motivaciones, en definitiva, una profundidad. Hemos intentado darle una vuelta a los diálogos, que fuesen inteligentes, que tuviesen muchas capas. María, por ejemplo, finge que finge muy a menudo y eso es complicado de escribir y también de interpretar. Megan lo ha jugado muy bien. En muchas ocasiones buscábamos que el personaje utilizase sentimientos de verdad para mentir. Eso es difícil pero ha funcionado bien. María podía estar destrozada por lo que le pasó en China y contárselo a Amparo. El estado de ánimo con el que lo hacía era sincero, pero lo que contaba con sus palabras estaba manipulado para su conveniencia. Lloraba de verdad, pero mentía con el mensaje. Eso hace inteligente al personaje.

Amparo traiciona a Bruno, incluso se pelea con él, se separan, se odian… pero cuando se entera de que ha muerto no puede evitar romper a llorar, ella sabe que es casi lo único bueno que le ha pasado en su vida aunque le haya hecho daño. Mucha gente tenía dudas a priori con esta relación y a nosotros nos encanta, nos parece muy real, muy adulta, diferente, pero con un punto entrañable.

Hemos puesto a los personajes al límite, por ejemplo cuando María le dice a Amaro que la acompañe a adoptar a su hermanita y Amparo ya la ha vendido a Enrique. Ver cómo aguanta el tipo ante ella y cómo se derrumba después. Algo buscado desde guion pero que sin dos actrices maravillosas no habría funcionado. El riesgo de secuencias como la de Amparo y Enrique en el hotel, con ella de rodillas, o la de María en el cuarto de baño de una discoteca buscando sexo sucio… yo no las había visto nunca en la televisión española. Tan solo Crematorio tenía algunos momentos comparables (aunque no tan duros) y era una serie de canal de pago. Cuando las escribimos a todos nos dio cierto miedo, es verdad que no eran muy comerciales, pero son de lo mejor de Sin identidad.

En la HBO se las pueden permitir y aquí, gracias al apoyo de Antena 3 y de Diagonal, también lo hemos podido hacer. Creo que poco a poco el espectador es más maduro desde el punto de vista de la narración y acepta unas series más complejas como poco a poco vamos viendo.

Hemos intentado no descuidar las tramas secundarias aunque tuviesen 3 secuencias por capítulo. Para mí, ese es el error de algunas series españolas, estas historias se escriben para rellenar los famosos 70 minutos. Y se nota. Nosotros las hemos intentado cuidar al máximo como la trama de Lydia Bosch y su relación con Diana Palazón. Son pocas secuencias, pero se cuenta mucho y con delicadeza. Y ellas le han sabido sacar el máximo partido.

En el capítulo que vais a ver este miércoles, llevaremos a Enrique al límite, sin miedo. Tito está espléndido, arriesgándose mucho, magníficamente dirigido por Joan Noguera. El resultado de esa trama nos ha dejado encantados a los guionistas. Un gran final.

No nos resultaba creíble que María actuase como Nikita 

En la serie existe una mezcla de géneros. Hemos intentado que nunca se nos fuese de las manos. No nos resultaba creíble que María actuase como Nikita y creo que lo hemos jugado sin pasar esa raya. Había momentos de acción pero eran verosímiles. Para nosotros era importante. Otras series no lo hacen así y también funcionan muy bien, no pasa nada, es una opción, pero nosotros queríamos estar en este lado. Mezclar thriller y relaciones familiares sin caer en tópicos y lugares comunes. Buscando situaciones y emociones nuevas.

Sin identidad es una serie que cambia mucho de un capítulo a otro. Los episodios no son iguales. No tienen una estructura similar. En parte, por la variedad de decorados en los que transcurren las historias. Pero eso no sería tan importante si no estuviese acompañado de unos guiones distintos, que no se rigen por los mismos patrones o estructuras. Hemos intentado que las conversaciones no pudieran ser intercambiables, que no diese igual que las cosas se dijesen en un hotel o en la calle. Que los decorados marcasen un tono.

Ya veréis en el capítulo de hoy, casi al final, hay unos planos del chalet Vergel vacío (no doy más detalles) donde la localización juega casi como un personaje más, algo que ya pedimos desde guion. Hay episodios donde hay 28 secuencias de chalet Vergel y no resultan excesivas porque la historia las pide y otros en los que hay tan solo 12. Todo esto hace que la trama no sea previsible para el espectador. No tiene manera de adelantarse a lo que va a suceder. Hemos tenido mucha libertad en este aspecto.

Y por último, los guionistas hemos tuiteado casi sin descanso con nuestros seguidores. Aunque los últimos días nos ha sobrepasado un poco el aluvión de mensajes, y pedimos disculpas desde aquí si hoy no podemos contestar a todos. Pero ha sido muy interesante ver las reacciones de la gente ante los de giros de guion. Esta noche tuitearemos con #SoloQueda1 #sinidentidad14 desde los perfiles @fantasma @Shultheiss65 @MartingrandeMon @ramontarres @vitinvera

Os esperamos. 

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Manuel Ríos San Martín es guionista de televisión. Comenzó su carrera en la pequeña pantalla en la serie Canguros de Antena 3 en 1994. Desde entonces ha ido enlazando proyectos que le han convertido en uno de los guionistas más reconocidos del panorama español. Su primer gran proyecto fue Médico de familia, ficción que le sirvió para subir un escalón y convertirse en coordinador de guión de series como Menudo es mi padre o Compañeros.

Actualmente es el coordinador de guiones de Sin identidad, la serie de Antena 3 que se despide este miércoles. Además, acaba de lanzar al mercado la novela online Círculos, un policiaco ambientado en un futuro cercano donde la gente vive obsesionada por la televisión, la violencia y las redes sociales.